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Desarrollo personal y profesional con Eneagrama

Desarrollo personal y profesional con Eneagrama
23 diciembre, 2021 Javier Canal Rojo
Eneagrama

La inercia de nuestros sesgos inconscientes y nuestro potencial de cambio.

Es casi una experiencia universal la de sentirnos frustrados o atrapados por comportamientos o pensamientos que sabemos que no nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos. Nos gustaría hacer o pensar las cosas de otra manera y, sin embargo, con frecuencia nos descubrimos una y otra vez con patrones de conducta y pensamiento que no nos ayudan, pero que nos vienen acompañando casi desde siempre.

Hay como una inercia en nuestra forma de ser que nos facilita muchas cosas positivas y, al tiempo, que nos limita en otras. “Es que yo soy así”, decimos y oímos y, sin embargo, esto es cierto solo en parte. Somos mucho más de lo que hacemos, pensamos y sentimos. Tenemos un potencial mucho mayor y nuestra capacidad de cambiar y evolucionar es superior a lo que imaginamos.

En nuestra sociedad moderna, al estar tan orientados a resultados, ponemos mucha atención en los comportamientos propios y ajenos. Cuando hablamos de desarrollo personal y profesional, tendemos a traducirlo como “hacer mejor”, en la esperanza de que eso resuelva en “sentirnos mejor”. Pero no en todas las culturas hay esta idolatría al “hacer”. Muchas líneas de desarrollo espiritual han considerado la meditación y la oración como uno de los pilares fundamentales para la trascendencia. En su versión moderna, el mindfulness se ha extendido rápidamente en las empresas, las escuelas y las prácticas individuales. Es decir, hacer, pensar y sentir son 3 elementos importantes para armonizar y no necesariamente están ordenados cronológicamente como parte de un proceso secuencial.

Si ponemos el foco en lo que hacemos, es muy importante la toma de consciencia y la comprensión de nuestros comportamientos automáticos, de cómo los demás nos perciben debido a ellos y del impacto que nuestro liderazgo y relaciones tienen en los demás. El feedback (también el de 360º) y la autobservación son elementos muy útiles.

Por eso, muchas caracterologías (estudio y clasificación del carácter psicológico) proponen mapas psicológicos divididos en diferentes tipos de personalidad, en función de cómo se comportan y se relacionan con ellos mismos y con los demás. Clasifican, por tanto, mayoritariamente desde el comportamiento del individuo, desde lo observable externamente.

En el mundo empresarial, las herramientas de análisis de la personalidad han tomado mucha relevancia recientemente, para tomar decisiones de contrataciones, diseño de equipos con diversidad de talento, feedback formal y estructurado, etc.

¿Qué es el Eneagrama?

Una de las caracterologías más completas y potentes es el Eneagrama. Con siglos de tradición oral a sus espaldas, importantes raíces en el sufismo y en la trascendencia espiritual, es con Gurdjieff (1866-1949) cuando se le da más difusión en el mundo occidental. Desde la segunda mitad del siglo pasado se viene utilizando en entornos psicoterapéuticos grupales a partir del trabajo de Oscar Ichazo con su “Eneagrama de la Personalidad”. Este trabajo fue continuado y desarrollado en profundidad por Claudio Naranjo, Helen Palmer, R. Riso, R. Hudson y otros. Es a finales del siglo XX cuando su uso se extiende desde el ámbito de la psicología también a los entornos empresariales.

Algo que el Eneagrama aporta, adicionalmente a otras caracterologías, es que el foco de atención para este análisis y clasificación no es el mero comportamiento, sino la motivación subyacente y generadora de lo que hacemos, muchas veces, inconscientemente. Debido a que comportamientos idénticos pueden tener causas diferentes, considerarlos tipos distintos de carácter es una mejora considerable sobre otros modelos. Esto es especialmente cierto si el objetivo que se persigue es el desarrollo profesional y personal del individuo.

Habitualmente no nos es suficiente el mero diagnóstico de saber cómo somos, sino que también queremos habilitar la transformación a una versión más libre y plena de nosotros mismos. Para ello necesitamos que la herramienta de diagnóstico nos proporcione también las palancas de cambio.

El Eneagrama, en su origen, tiene una intención de desarrollo, transformación y transcendencia de esas ligaduras del carácter. Era un camino iniciático de trascendencia personal. De hecho, para cada tipo de carácter propone diferentes alternativas o salidas hacia una mayor libertad sobre esas inercias inconscientes que no son útiles ya. Esto lo convierte actualmente en una herramienta muy poderosa para el desarrollo del individuo, tanto en su ámbito personal como en su entorno profesional.

La clasificación de caracteres propuesta es de 9 tipos distintos, llamados Eneatipos. Pero esta es solo la superficie del modelo. Todos los seres humanos estamos influenciados por instintos básicos de autopreservación, de intimidad con el otro y de pertenencia al grupo. Estos 3 instintos, colorean y particularizan cada eneatipo en 3 Subtipos distintos. De forma que, en su versión completa, el Eneagrama describe 27 subtipos de personalidad diferentes, así como las relaciones e influencias entre ellos.

El camino de la transformación y el desarrollo

Todos los eneatipos y subtipos tienen sus fortalezas y debilidades, sus brillanteces y sus puntos ciegos. Por eso, para cada uno hay diferentes estrategias sugeridas en su proceso de transcendencia e integración del propio carácter, para alcanzar una mejor versión de nosotros mismos. El conocido dibujo en forma de estrella representa esas relaciones entre los diferentes eneatipos, a los que se ofrecen palancas de transformación desde sus recursos propios o desde los de otros eneatipos relacionados.

Esto es cierto tanto para quien busca una mejora en su vida personal, familiar o relacional, como para quien lo aplica en su desarrollo profesional, de liderazgo y de desarrollo de talento en las organizaciones.

El final del camino, para todos, es el mismo: liberar el potencial y el talento interno, abrazando las fortalezas de nuestro eneatipo e incorporando las de los otros. Es decir, la flexibilización e integración de nuestra personalidad en sus tres niveles: hacer, pensar y sentir.

 

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