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#yomequedoencasa y no es fácil

#yomequedoencasa y no es fácil
16 marzo, 2020 Dánae Cortés

Hace tiempo, en una de las formaciones a las que asistí, me contaron una historia.

Una de las profesoras había pasado bastante tiempo viviendo en un barco. La expedición tenía fines científicos y, aunque atracaban de vez en cuando, pasaban casi todo el tiempo navegando. La vida en un barco cuando atracas una vez cada tres o cuatro meses es bastante curiosa. Compartían el espacio cuatro personas, que era a la vez casa, trabajo y lugar para ocio, desconocidos al principio. Durante los primeros días todo fue sobre ruedas. ¿Os imagináis? Unidos por un mismo propósito, apasionados de su trabajo, deseosos de disfrutar de la oportunidad…

Los problemas aparecieron después. ¿Cómo son 24 horas con tres desconocidos en un espacio limitado del que no puedes salir una vez pasada la novedad? Difíciles.

A los roces habituales en cualquier trabajo cuando empiezas a conocer a las personas, había que unirle que seguían conviviendo el resto del día. Que no solo había labores profesionales relativas a los experimentos que llevaban a cabo, sino también labores vitales: ¿quién cocina? ¿quién limpia? ¿quién recoge? Y a todo esto hay que añadirle la falta de intimidad. ¿Cómo se gestiona estar 24 horas al día acompañado? ¿Dónde queda el espacio personal?

Las discusiones, que las había, hacían daño a la convivencia porque no había sitio para ventilarlas. Las palabras, cuando no eran las adecuadas, tenían un efecto devastador porque nadie podía poner distancia física para digerir y recuperar la calma.

Me contaba que, después de un par de experiencias desastrosas, establecieron unas normas obligatorias; y la exigencia de la responsabilidad individual y de grupo. Todos eran responsables de sus conductas, pero también de sostener la situación si alguno perdía los nervios en un momento puntual.

Me impresionó la historia en su momento y os confieso que estos días no dejo de recordarla.

Estamos viviendo una situación excepcional.

La primera impresión es que hay gente que no soporta estar confinada en una casa sin salir, exceptuando a lo básico y necesario. He hablado con bastantes personas – amigos, familiares y clientes. Algunos me decían que cómo se iban a quedar en casa, que tienen hijos, que no pueden estar encerrados. O que necesitan que les de el aire. Y es comprensible.

Simplemente no estamos acostumbrados a estar en un espacio reducido, acompañados 24 horas, sin intimidad personal y teniendo que compartir con personas – que aunque sean nuestra familia – no estamos vemos habitualmente más que unas horas al día. Si tenemos hijos, la situación será más compleja seguramente.

¿Qué podríamos hacer?

Dejar de resistirnos. Tenemos que quedarnos en casa. No vale de nada hacerlo más complicado y cuanto antes dejemos de luchar contra lo inevitable, antes podremos hacer algo para llevarlo mejor.

Establecer normas. Y cumplirlas. No, no rutinas (que también) sino normas. Disminuir la incertidumbre. Qué vais a hacer, quién y cuándo. Esto ayuda a eliminar tensiones y a poder resolver los conflictos más rápidamente. Cuanto menos improviséis, más fácil será.

Si hay algo que hablar, lo hablamos cuando pase procurando no perder la calma. Cuanto menos dejemos que esté vivo el problema, mejor.

Y sobre todo, gestionar nuestro estado, nuestras emociones y nuestras expectativas. Y, ¿esto qué es? Es elegir cómo quiero estar. Voy a estar todo el día enfadada porque no puedo salir a la calle o voy a elegir adaptarme. Voy a protestar porque en mi casa convivo con 2 niñas que a veces no me dejan trabajar o voy a hacer algo para que todas estemos bien.

Hay que tener claro que de las elecciones que tomemos dependerán los resultados que obtengamos. Y no podemos elegir lo que nos está pasando pero sí podemos elegir cómo reaccionar.

Nuestro objetivo, debería ser salir de esta cuarentena, al menos, con la misma fortaleza de relaciones con la que entramos; no menos. Tenemos que saber que todas las fricciones de estos días nos pasaran factura personal en algún momento. Y, de nuevo, nuestro objetivo debería ser que esa factura sea lo más pequeña posible para poder seguir disfrutando una vez que esto pase.

Cuidaos. Y cuidad a los que tenéis alrededor.

Un abrazo,

Dánae Cortés

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